domingo, 9 de diciembre de 2007

De Pakistán a Canarias, por doce mil euros

Africanos de origen magrebí y subsaharianos, pero también asiáticos, esperan pacientes su turno para dar el gran salto. Entre 3.000 y 6.000 candidatos de este último grupo, según fuentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), se concentran desde hace meses en Guinea Conakry para subirse a un buque «chatarra» y lograr el ansiado desembarco en el Archipiélago.

El incremento de los controles con medios europeos -sobre todo, españoles- y africanos en países como Marruecos, Mauritania y Senegal ha hecho desplazarse a las mafias que trafican con seres humanos a puntos situados más al sur, como Guinea Conakry y Abidjan ( Costa de Marfil ), donde la vigilancia es más laxa y las posibilidades de emigrar clandestinamente con éxito, mayores.

El engaño del «todo incluido»
Para llegar hasta allí, los traficantes ofrecen paquetes de viaje desde Pakistán a quien esté dispuesto a salir de su país por esta vía. Por doce mil euros, según recoge la ONU en uno de sus informes, se incluye el vuelo hasta Guinea-Bissau, Guinea Conakry, Costa de Marfil o Burkina Faso -donde no se requiere visado- y el traslado a Canarias en un barco. Sin embargo, el alto precio exigido por las mafias, así como el descubrimiento del engaño al que son sometidos los inmigrantes una vez en África, han provocado que cada vez sean menos los que opten por esta fórmula.

No en vano, al llegar a Guinea, no se proporciona a los asiáticos el transporte pactado con las redes de traficantes para salir del continente y son los propios inmigrantes los que tienen que buscar un barco, las más de las veces destartalado, que les traslade en un viaje incierto hasta Canarias.

Las rutas desde Asia se hacen con muchas escalas. El origen suele ser la India, Pakistán o Cachemira. De ahí vuelan hasta algún país del Golfo Pérsico: es la primera escala. El viaje no está al alcance de la mayoría de los bolsillos y suelen asentarse en ciudades como Dubai, en los Emiratos Árabes, donde trabajarán durante una temporada -habitualmente en el sector de la construcción- para ahorrar el dinero con el que afrontarán el resto del viaje.

Cuando pueden, parten hacia Etiopía o Somalia y ya desde Addis Abeba o Mogadiscio continúan hacia la costa oeste africana. Las posibilidades económicas de los «sin papeles» determinarán el medio de transporte: avión para los más afortunados, camiones o autobuses para el resto.

Los que optan por la ruta por tierra, cruzan el desierto del norte de Mali a través de Kidal y Tombuctú. Atraviesan el río Níger y entran en Guinea Conakry. Han alcanzado su objetivo, al menos el primero de ellos. Allí tendrán que establecerse y contactar con los traficantes, informarse de las salidas, los precios y esperar el próximo viaje.

Un viaje que para muchos puede que no llegue a consumarse nunca, y en el que, según fuentes de Inteligencia, podrían estar involucrados miembros de las clases altas de Conakry, que obtendrían grandes beneficios de este negocio en un país dominado por el desorden y la corrupción.

El «Annat TG-99», el «Taiboi Star», el «Marine I» o el «Happy Day» son algunos de los buques que han intentado cruzar el Atlántico en los dos últimos años cargados de asiáticos -también de subsaharianos-, con distinta suerte. El «Annat» llegaba en junio de 2006 a las costas de Chipiona. Su destino, y el de los 216 inmigrantes (de India, Pakistán y Cachemira) que viajaban en él, era Canarias, según las conclusiones de la
Policía. Los alisios desviaron su ruta. El «Taiboi Star» afinó mejor y en enero de 2007 tocaba puerto en El Hierro sin ser detectado. Transportaba a cerca de 163 pakistaníes.

Los otros dos buques, el «Marine I» y el «Happy Day» no tuvieron tanta suerte como los anteriores. Interceptados por medios españoles e italianos en su intento por cruzar el Atlántico, ambos tuvieron que regresar a las costas africanas. Uno (tras unas complicadas negociaciones) a Mauritania; el otro a Conakry, de donde se supo que había partido.

Esta tendencia en los flujos migratorios podría abocar en lo que algunos expertos han denominado «albanización» de la inmigración. Precisamente Canarias podría ser el territorio más afectado de España. Fuentes relacionadas con la lucha contra la inmigración irregular advierten de la posibilidad de que se convierta en habitual la llegada de barcos con gran cantidad de inmigrantes en su interior, algo que ya sucedió en Italia a principios de la década de los 90 con los buques llenos de albaneses que huían de la fuerte crisis económica de su país.

Iniciativa Habitable.

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