viernes, 6 de julio de 2007

La (anti) inmigraciòn como lema polìtico principal.

Dentro de la reflexión sobre los elementos que pueden alumbrar la trayectoria de un futuro partido político, publicamos esta reflexión sobre algunos problemas que derivan de las políticas anti-inmigracionistas.

Empezamos considerando la (anti) inmigración como un tránsito de la nostalgia de la postguerra europea, a la política real. para seguir, posteriomrente, con dos "distorsiones" a estas políticas: la "línea hispanoamericanista católica" y el "subjetivismo revolucionario". Creemos que todas estas reflexiones son extremadamente importantes para fijar posiciones y elaborar estrategias posteriores.

La (anti) inmigración: de la nostalgia a la política real
De 1947 a 1984 los partidos que podríamos llamar propiamente neofascistas se sitúan en el margen de la realidad política de sus respectivos países, exceptuando algunos momento puntuales del SRP y el NPD, sólo el MSI consigue mantener un nivel de votos visible y permanente situado entre el 4-8%. Esta fase está caracterizada por un fuerte determinismo histórico, son partidos-memoria, su argumentación se refiere siempre a un pasado cercano, sin encontrar ninguna temática actual que sirva de “cuña” para penetrar políticamente en la sociedad. Su crítica política no analiza los problemas de la sociedad actual, sino que plantea una constante dialéctica entre un presente (sobre el que no saben actuar) con un pasado (que nadie puede hacer volver), son partidos-comparación.

En definitiva, estaríamos en una fase testimonial y de repliegue.
Las elecciones al parlamento europeo de 1984 suponen el momento post-quem del movimiento identitario europeo, es el punto de inflexión a partir del cual una serie de partidos europeos, con una herencia ideológica muy concreta pero sin ninguna posibilidad electoral ni acceder a cuotas de poder real, conectan con los problemas reales de amplias capas de la población –que previamente no se reconocían en ellos- e irrumpen con fuerza en las escena política a base de denunciar y presentar soluciones a una problemática que el resto de partidos convencionales se empeñaba en ignorar: la inmigración. Son partidos-solución.

En casi toda la Europa occidental se reproduce este fenómeno, alcanzándose porcentajes de votos del 15%, 20% e incluso 24%, y las consiguientes experiencias de gobierno, municipal, regional e incluso nacional

Estamos un una fase política y expansiva.

Elementos de distorsión para un discurso contra la inmigración.
Como venimos denunciando en este blog, España permanece ajena a este fenómeno de irrupción política, en otras entradas hemos analizado los muchos motivos de esta ausencia, pero creemos necesaria una precisión previa. Damos por admitido que el objetivo es la creación de un partido antiinmigración (de lo contrario la discusión es previa y ajena a este debate), el primer elemento de distorsión grave que nos encontramos es la presencia de elementos y sensibilidades disonantes que podríamos agrupar en dos:

- Hispanoamericanistas católicos. Como ejemplo paradigmático recordamos la intervención de un dirigente de AES en un programa de la televisión autonómica como representante de un futurible partido antiinmigración en España. En su turno de palabra afirmó estar sólo contra la inmigración musulmana, pero a favor de la hispanoamericana de habla española y religión católica.

La argumentación responde a un principio universalista, señalando como definitorios de la nacionalidad a dos elementos accidentales (es decir adquiribles) como son la lengua y la religión. Además de justificar la brutal oleada de inmigración andina deja una pregunta sin resolver, ¿qué pasa si los inmigrantes afro-magrebíes aprenden español y se convierten al catolicismo? Se infiere necesariamente que, para ellos, serían unos “españoles” más. En esta misma línea argumental, tenemos el ejemplo de los guineanos para los que se llegó a pedir la nacionalidad española y a los que en un reciente comunicado de uno de los tantos grupos falangistas se les llama “pueblo hermano”.

Pretender argumentar una oposición a la inmigración desde este paradigma ideológico es una burda contradicción en los términos.

- Subjetivistas “revolucionarios”. Como ejemplo paradigmático tomamos la frase de Socialismo 21 escrita en este blog: “la única identidad que me importa es la que mantiene la idea revolucionaria de comunidades movilizadas en un proyecto sugestivo de vida en común”, sin precisar la naturaleza de esa “idea revolucionaria” ni cómo se determina lo “sugestivo” o no de un proyecto de vida en común.

Curiosamente este argumento, que parece estar extendido entre grupos y personas a las que gusta definirse como radicalmente “antiburgueses” y “antiamericanos”, es el principio de nacionalidad definido por la ideología burguesa durante sus revoluciones y la ideología sobre la que se fundaron los Estados Unidos, cuya independencia (1776) –recordémoslo- es el primer triunfo político de la ideología burguesa, aún antes de la Revolución francesa (1789). La definición de Socialismo 21 es la del melting pot.

Como en el caso anterior estamos ante una concepción universalista, que determina la nacionalidad por factores subjetivos, aleatorios y cambiantes:
¿Qué pasa cuando la “idea revolucionaria” se apaga?
¿Qué pasa cuando el proyecto deja de ser “sugestivo”?
¿Qué pasa cuando las comunidades entran en “fase de desmovilización”?

Por el contrario
¿Qué pasa si las comunidades de inmigrantes participaran de la “idea revolucionaria”?
¿Qué pasa si las comunidades de inmigrantes se suman al “proyecto sugestivo”?
¿Qué pasa si las comunidades de inmigrantes quieren unirse a la “vida en común”?
Según la definición de Socialismo 21, ha de inferirse necesariamente que pasarían a forman parte de la común de la (seudo)identidad

Como en el caso anterior, es imposible fundamentar una argumentación contra la inmigración desde el paradigma de este cosmopolitismo subjetivo.
Es lógico que los defensores de estos dos puntos de vista, se opongan constantemente a la articulación de un partido que tenga como argumento principal la oposición a la inmigración y la defensa de la identidad española y europea, al uso de los que están funcionando en el resto de Europa occidental. También es necesario señalar y prescindir de estos elementos de distorsión para la construcción positiva del mismo.

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