jueves, 7 de junio de 2007

Democracia en tiempo de crisis. Ser revolucionarios e identitarios.

Luchar por la democracia puede resultar difícil en tiempos donde su declamación sirve para justificar candidaturas anti democráticas e ilícitas.

Es corriente encontrarnos con actos indecentes que escandalizan a la condición humana cometidos en defensa de la democracia. Es más, pocos son los dirigentes y personas que quieren ser adjetivados como antidemócratas. Sin embargo, esta ola de auto-definición democrática no coincide con el desarrollo de una izquierda y derecha cada vez más sectáreos, a la par que pierden identidad.

La democracia parece cambiar de bando y de rumbo. De bando porque son las fuerzas pro inmigracionistas las que se apropian de su uso y se consideran propietarias legítimas de su defensa. De rumbo porque sus contenidos son definidos desde la lógica "ilógica".

Lo que podría parecer un contrasentido hace unas décadas hoy puede considerarse normal. Los dirigentes que en teoría defienden la unidad de España y de los españoles, abogan por el incremento de mano de obra inmigrante en España, como así lo demostró Esperanza Aguirre en sus famosas declaraciones sobre los 600.000 inmigrantes más que, según su criterio, hacen falta en Madrid y se quieren alzar como valedoras naturales de la defensa de España. Su proyecto se presenta como parte de una estrategia de cambio social y de modernización democrática. Convertidos en auténticos trasformadores del orden social son los abanderados de un nuevo tiempo de progreso y revolución política-social. Nadie puede estar en contra de los tiempos.

Hoy es necesario ser "revolucionario".
El tiempo de la democracia es el tiempo de la defensa de España y de su identidad. En ellos se encarna la paz y el devenir del proceso civilizado inmerso en la razón cultural de occidente. No cabe dudar de sus fines, tampoco de sus estrategias y por ende de sus sentimientos democráticos. actúamos convencidos de defender los valores mas libertarios sobre los cuales se edificará la nueva democracia del siglo XXI.

Quienes se muestran contrarios son declarados involucionistas. Defender los derechos de los españoles, las libertades políticas, la identidad española y la justicia social supone tener conductas reaccionarias. Manifestarse contrario a la inmigración masiva, el derecho de prioridad nacional y la defensa a ultranza de la unidad de España, se convierte en un acto anti-democrático y pro-terrorista. Todo en un mismo saco. El sincretismo político es un arma para desactivar movimientos democráticos y adjetivar toda crítica como un comportamiento antidemocrático.

La existencia de estos comportamientos, se dirá, sólo puede retardar el advenimiento de una era de democracia sin adjetivos afincada en una defensa a ultranza de lo español como esencia, de la identidad como fondo, y de la justicia social como fin.

Luchar por abrir espacios de participación, de negociación, de representación, de mediación y evitar el aumento de las políticas represivas contra los españoles es considerado una acción antidemocrática. La democracia ha quedado enmarcada en la lógica diabólica del mercado siendo pensada como reglas del juego y no como una práctica plural de control y ejercicio del poder desde el deber ser del poder.

Reducida a un problema de procedimiento electoral para la elección de élites se elimina su sentido ético del bien común. Estamos en presencia de un proceso de involución política caracterizado por la desarticulación de la sociedad civil con el consiguiente deterioro de las formas democráticas de organización propias de una sociedad abierta y dialogante.

Hoy las luchas democráticas adoptan la forma de desobediencia civil. El proceso de involución política es el marco de referencia que explica muchas veces el carácter espontáneo e inestable de las movilizaciones y movimientos sociales. De esta manera las luchas por defender y mantener los espacios democráticos chocan con la nueva concepción de la democracia desarrollada por las élites del pensamiento de las izquierdas y las derechas. El enfrentamiento es desigual y tiende a favorecer una idea aséptica y despolitizada de la democracia cuyo objetivo es desmovilizar y desactivar la sociedad civil en sus sectores mas conscientes, identitarios y luchadores.

Y efectivamente esta es la dinámica en la cual nos hallamos inmersos. La pérdida de centralidad de la política es una característica de nuestro tiempo. La sociedad civil se ha convertido en una sociedad anónima. Las formas de movilización identitaria desarrolladas no son luchas por abrir espacios democráticos inexistentes. Las actuales son luchas de resistencia por evitar la perdida de identidad de España y los españoles y de la perdida del sentimiento patrio.

Evitar la involución política y lograr resistir presupone articular un proyecto democrático donde no se puede improvisar y menos aún dejar en manos de los nuevos hacedores pro inmigracionistas en la defensa de una democracia espuria.

1 comentarios:

Anonymous Südmann ha dicho...

Excelente entrada, saludos

8 de junio de 2007, 15:16  

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